En mi mundo conviven y se mezclan los áridos paisajes de mi infancia granadina, la libertad del niño que crece y crea su propio mundo en un ambiente rural, casi espartano, y la necesidad de seguir ordenando el mundo que nos rodea con los materiales más humildes, inservibles, usados, de desecho para interpelarnos como sociedad frente al presente, pero también frente al futuro y los retos que nos planta